miércoles, 20 de noviembre de 2013

Enver Hoxha sobre la dictadura del proletariado

A fines de la década de 1970, se publicó en Albania un grueso volumen de más de 700 páginas, titulado “Sobre la dictadura del proletariado”, una selección de escritos de Enver Hoxha  sobre el tema que da título al libro. Al parecer, no fue traducido a otros idiomas. Sin embargo, para darnos una idea de su contenido, publicamos un artículo de Agim Popa, editor de “Zëri i Popullit” órgano central del Partido del Trabajo de Albania, comentando el libro mencionado. 
 

 
El camarada Enver Hoxha
sobre la dictadura del proletariado
Agim Popa
Editor en jefe de “Zëri i popullit”, órgano del CC del PTA
(1978) 

El volumen de escritos seleccionados del camarada Enver Hoxha, titulado “Sobre la dictadura del proletariado”, puesto en circulación hace algún tiempo, es una publicación de gran valor teórico y práctico para los comunistas y todos los trabajadores. Es un claro testimonio de la inquebrantable fidelidad, de la aplicación creadora y del desarrollo del marxismo-leninismo de nuestro Partido sobre este problema vital y cardinal de la teoría y la práctica del socialismo científico. 

En todo momento, nuestro Partido ha tenido en el centro de su atención la cuestión de la dictadura del proletariado. Teniendo en cuenta la perspectiva del desarrollo de la revolución, nunca ha perdido de vista esta cuestión, incluso desde la Lucha de Liberación Nacional Antifascista, cuando supo asegurar su dirección indivisible en esta guerra, cuando trabajó por establecer el nuevo Poder Popular sobre las ruinas del viejo poder de los invasores extranjeros y de las traidoras clases explotadoras, cuando condenó el compromiso de Mukje que hubiera conducido a la división del poder con la burguesía, y cuando frustró los planes de los “aliados” angloamericanos para invadir Albania y reponer a la burguesía en el poder. El periodo siguiente a la liberación del país, cuando el Poder Popular empezó a cumplir las funciones de dictadura del proletariado, hasta la actualidad, es un periodo de incesante lucha del Partido por la consecuente e integral construcción, consolidación, perfeccionamiento, fortalecimiento y revolucionarización de la dictadura del proletariado. 

Es el periodo de la lucha golpe por golpe que nuestro Partido ha librado y libra por la defensa y protección de la dictadura del proletariado en nuestro país, contra los reiterados intentos y esfuerzos de los enemigos internos y externos para derrocarlo mediante la fuerza armada y los putsch, o por socavar y liquidarlo mediante la degeneración pacífica. Todos estos factores, toda esta rica experiencia histórica, encuentran su más completa expresión en los escritos escogidos del camarada Enver Hoxha reunidos en el volumen titulado “Sobre la dictadura del proletariado”. 

Sobre esta cuestión cardinal, nuestro Partido siempre ha tenido en mente las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo sobre la dictadura del proletariado y su necesidad histórica, así como las enseñanzas derivadas de la experiencia de nuestro país y de otros países. “La experiencia de nuestro país libre e independiente”, escribe el camarada Enver Hoxha, “ha demostrado que sin la dictadura del proletariado es imposible asegurar las conquistas de la revolución, quebrar y vencer la resistencia y actividad de los enemigos internos y externos, garantizar la defensa de la patria socialista, llevar adelante la construcción de la sociedad socialista y comunista”. (p. 499) 

La importancia histórica y decisiva de la dictadura del proletariado es también demostrada con claridad por la experiencia negativa de la Unión Soviética y otros países, donde “el abandono de los principios de la dictadura del proletariado engendró el revisionismo, el arma más peligrosa de la contrarrevolución, que condujo a la destrucción del orden socialista, al restablecimiento del yugo capitalista y al socialfascismo. (p. 670) 

Temiendo, precisamente, este papel decisivo de la dictadura del proletariado para el futuro del socialismo, sus furibundos enemigos, incluyendo todos los renegados, los revisionistas y sus lacayos, dirigieron contra ella todas sus armas –desde la violencia y el fuego hasta las flechas envenenadas del revisionismo– y continúan haciéndolo aun hoy. “Por eso”, subraya el camarada Enver Hoxha, “la posición ante la dictadura del proletariado ha sido y sigue siendo la piedra de toque que divide a los marxista-leninistas proletarios y auténticos revolucionarios de los oportunistas y renegados de todo tipo” (p. 670). Por su parte, nuestro Partido ha librado y está decidido a librar una lucha implacable e intransigente para desenmascarar la prédica antimarxista y contrarrevolucionaria de los revisionistas modernos, como el “Estado de todo el pueblo” de los revisionistas soviéticos, el “socialismo democrático con rostro humano” de los eurocomunistas y otros, de todos aquellos que aceptan sólo de palabra la dictadura del proletariado pero que la abandonan y la traicionan en los hechos. 
 

 
* * * 

Sintetizando su experiencia en el desarrollo ininterrumpido de la revolución socialista en nuestro país y estudiando profundamente las causas de la tragedia revisionista y de la liquidación de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética y otros países, nuestro Partido ha extraído enseñanzas, y lo seguirá haciendo en el futuro, acerca de cómo cerrar el paso a esta amenaza mortal y llevar adelante sin interrupción la causa de la completa construcción de la sociedad socialista y comunista en nuestro país. Como señala el camarada Enver Hoxha, nuestro Partido actúa según la firme convicción de que “la pérdida completa o parcial de la dictadura del proletariado no es de ninguna manera una fatalidad”, porque, como la experiencia histórica de nuestro país lo demuestra, “es bastante probable que la dictadura del proletariado, después de haber sido establecida, se preserve pura, intacta e inquebrantable en todo momento y en todas sus relaciones y direcciones, desarrollándose y perfeccionándose continuamente” (p. 516). 

El camarada Enver Hoxha subraya que es importante, ante todo,  mantener siempre intacta y fortalecer sin cesar la dirección indivisible del Partido en el Estado socialista, como principio básico e inalterable de la dictadura del proletariado, como una condición fundamental y necesaria, porque no se debe tolerar dualidad de ningún tipo acerca de esta cuestión esencial. En relación con esto, nuestro Partido ha desenmascarado y rechazado, como el más flagrante abandono de las posiciones del marxismo-leninismo y como un intento de justificar la liquidación de la dictadura del proletariado, las teorías y prácticas revisionistas que niegan y suprimen el papel indivisible del partido del proletariado en el socialismo, empezando con las cantilenas sobre la “independencia” del Estado socialista respecto del partido del proletariado y sobre el partido como simple factor ideológico, y terminando con la justificación oportunista del pluralismo de partidos políticos en el sistema socialista. El Partido del Trabajo de Albania, como está ampliamente demostrado en los escritos del camarada Enver Hoxha, marchará consecuentemente en el camino del fortalecimiento permanente de la dirección del Partido en cada célula del sistema de dictadura del proletariado y de toda la vida social, considerando esta dirección en su concepto más integral, desde los órganos superiores hasta los más bajos niveles, las organizaciones de base del Partido y el papel de vanguardia de cada comunista, y erradicando y descartando todo lo que debilite en lo más mínimo esta dirección. 

            El PTA, como señala el camarada Enver Hoxha, ha observado consecuentemente las enseñanzas de Lenin que dicen que el establecimiento de la dictadura del proletariado no significa el fin de la lucha de clases, que esta dictadura es la continuación de la lucha de clases bajo nuevas formas y condiciones, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. Bajo la dirección del Partido, la dictadura del proletariado es el arma decisiva para llevar a cabo la lucha de clases contra los enemigos en el seno del pueblo, desde la posición y en interés de la clase obrera, a fin de llevarla hasta el fin, hasta la victoria final y completa del camino socialista sobre el camino capitalista, hasta la eliminación de todas las diferencias de clases y la construcción de la sociedad comunista sin clases. De otra parte, como demuestra la experiencia histórica y como subraya el camarada Enver Hoxha, “independientemente del campo en que se desarrolla la lucha de clases entre los dos caminos, el socialista y el capitalista, ya sea en el campo político o económico, en el ideológico, cultural o militar, en último análisis, es una lucha sobre la cuestión de si la dictadura del proletariado se fortalecerá o degenerará y será derrocada, como pasó en la Unión Soviética y en otros países” (p. 557). Nuestro Partido ha rechazado como absolutamente antimarxistas y preñadas de peligrosas consecuencias las tesis de los revisionistas modernos de todos los colores sobre la extinción de la lucha de clases en el socialismo, sobre cuya base y para justificar su liquidación construyen la teoría contrarrevolucionaria de “saltarse” la dictadura del proletariado. También sobre esta cuestión, un profundo abismo divide a los marxista-leninistas de los renegados revisionistas. “Persistir o no en la lucha de clases”, escribe el camarada Enver Hoxha, “tener una comprensión integral o superficial de ella, realizarla de manera frontal o de forma unilateral, aplicarla correctamente en el camino revolucionario o debilitarla y hacer concesiones sobre ella, es una cuestión vital, de la que depende el destino del socialismo. Nuestros enemigos quieren precisamente esto, es decir, vernos relajar nuestra vigilancia y atenuar la lucha de clases. ¿Qué demos hacer? Lo opuesto a sus deseos. Debemos fortalecer nuestra vigilancia y desarrollar consecuentemente la lucha de clases…” (p. 623). 

            Aplicar consecuentemente el principio de basarse en las propias fuerzas en la defensa de la patria socialista, prohibir el establecimiento de bases militares extranjeras y el estacionamiento de tropas extranjeras en el territorio nacional, integrar el ejército en el conjunto del pueblo armado, fortalecer permanentemente la dirección y el control del Partido en las fuerzas armadas, e impedir que el fusil mande al partido, mantener sanas relaciones socialistas en las fuerzas armadas y evitar la creación de castas militares, etc., como medios para el fortalecimiento de la defensa y garantía contra el peligro de la transformación del ejército de arma de la revolución y la dictadura del proletariado en instrumento ciego de la contrarrevolución y la dictadura burguesa-revisionista, como pasó en la Unión Soviética y otros países, son también partes constitutivas de vital importancia de la experiencia revolucionaria de la dictadura del proletariado en nuestro país, que es sintetizado y fundamentado con los hechos en las obras del camarada Enver Hoxha. 

            En los materiales reunidos en este volumen, se ha dedicado especial atención  a la cuestión fundamental de la relación entre dictadura del proletariado y la democracia socialista. Como enfatiza el camarada Enver Hoxha, nuestro Partido se ha atenido y se atiene a las enseñanzas del marxismo-leninismo al efecto de que “la dictadura del proletariado, constituye precisamente la condición necesaria y decisiva para la existencia de una genuina democracia para el pueblo trabajador” (p. 671). El camarada Enver Hoxha desenmascara y refuta las prédicas de los modernos revisionistas, quienes, siguiendo las huellas de los ideólogos burgueses, los socialdemócratas y todos los anticomunistas, hacen un griterío sobre la supuesta supresión de la democracia y las libertades bajo las condiciones de la dictadura del proletariado. Esto no es más que calumnia y falsificación. Lo que ellos quieren es la libertad para los enemigos del pueblo y el socialismo, para los contrarrevolucionarios. Sin embargo, el camarada Enver Hoxha declara que “esta suerte de democracia nunca ha sido ni será permitida por el Partido y la dictadura del proletariado, en completa armonía con las enseñanzas del marxismo-leninismo. Nuestra democracia socialista es democracia genuina para el pueblo, para las masas trabajadoras, y sólo para ellos (p. 673). 

            Un testimonio vivo de nuestra democracia socialista en acción es la amplia, organizada y efectiva participación de las masas trabajadoras en el gobierno del país en las más diversas formas, su importante derecho a decir su palabra en la solución de los problemas sociales y del Estado, el ejercicio de su control sobre todos y sobre todas las cosas. Nuestro Partido considera esta participación que está creciendo de forma más amplia y profunda, como la dirección del desarrollo de la democracia socialista, como una gran fuerza motriz para llevar adelante la construcción socialista, y, al mismo tiempo, como uno de los factores más importantes de la defensa de nuestro Estado y de nuestra sociedad de la amenaza de la degeneración burguesa-revisionista. Y una de las más profundas expresiones de esta participación efectiva de las masas en el gobierno del país es el control directo de la clase obrera y las masas trabajadoras, bajo la dirección del Partido, sobre todas las actividades sociales y estatales. El camarada Enver Hoxha ha demostrado con hechos indiscutibles que este control constituye un principio general y contante de nuestra sociedad socialista en cada una de las esferas y direcciones, una expresión del ejercicio de la dictadura del proletariado por la clase obrera en alianza con el campesinado, una de las más importantes direcciones de la lucha de clases por asegurar la victoria del socialismo, previniendo la degeneración del orden socialista, una gran escuela para la educación revolucionaria de la clase obrera y las masas trabajadoras. 

            En los escritos del camarada Enver Hoxha se dedica una atención especial a los problemas de la lucha contra el burocratismo y el liberalismo, los dos enemigos peligrosos de la dictadura del proletariado y el socialismo. 

            La experiencia histórica demuestra que las raíces profundas del proceso contrarrevolucionario y regresivo revisionista en la Unión Soviética y otros países ex socialistas se encuentran “en la burocratización gradual del aparato estatal socialista, su aislamiento de las masas populares, la creación de una capa privilegiada de burócratas, la introducción de métodos de expropiación, de desconfianza en las masas y de incumplimiento de basarse en ellas…, la disminución y debilitamiento de la democracia para las amplias masas trabajadoras”, porque “justamente, la ampliación de la burocracia creó el terreno propicio para la usurpación del poder por la camarilla revisionista jruschovista” (p. 464). Por eso nuestro Partido considera y sigue considerando a la lucha contra el burocratismo como uno de las más importantes direcciones de la lucha de clases. El camarada Enver Hoxha llama la atención sobre el hecho de que la lucha contra el burocratismo no debe reducirse a medidas puramente organizacionales o técnico-administrativas, sino que debe entenderse profundamente que, en esencia, es una lucha por llevar el poder del Estado y su aparato cada vez más cerca de las amplias masas trabajadoras, como una lucha por salvaguardar y fortalecer la dictadura del proletariado, para llevar la revolución socialista hacia el fin, por cerrar todos los caminos a la restauración del capitalismo en nuestro país. Un factor decisivo para el éxito de la lucha por la erradicación del burocratismo es la participación activa de las amplias masas trabajadoras en esa lucha. “El burocratismo”, dice el camarada Enver Hoxha”, levanta su cabeza y se hace activo ahí donde la lucha contra él es subestimada. Se achica y mantiene un perfil bajo cuando la voz de las masas se escucha con fuerza, cuando ejerce su control con rigurosidad, cuando el puño de la clase obrera y el Partido le golpea sin piedad” (p. 595). 

            En el contexto de la lucha contra el burocratismo, por la defensa y fortalecimiento de la dictadura del proletariado, un lugar importante en los escritos del camarada Enver Hoxha, seleccionados en este volumen, lo ocupan los problemas del temple revolucionario de los cuadros y la relación entre los cuadros y las masas con el propósito de evitar la degeneración burguesa-revisionista de los cuadros y su transformación de servidores del pueblo en gobernantes situados por encima de las masas del pueblo trabajador. Asimismo, el camarada Enver Hoxha advierte –y señala las formas de lucha– contra el peligro de la burocratización de nuestro Estado socialista, especialmente el peligro de concepciones ajenas que equiparan la dictadura del proletariado con los aparatos administrativos, la tendencia de estos últimos a absolutizar su rol, a ponerse por encima de los órganos estatales, especialmente por encima de los órganos elegidos, suprimiendo a estos últimos y a las masas trabajadoras de la participación efectiva en el gobierno del país, incrementando el personal y monopolizando todo el trabajo. 

            Junto a la lucha contra el burocratismo, el camarada Enver Hoxha llama firmemente la atención del Partido, de la clase obrera y las masas trabajadoras sobre la necesidad de luchar indesmayablemente también contra el liberalismo, que es una expresión del oportunismo ideológico y político, de la renuncia a la lucha de clase consecuente contra los enemigos y la aceptación de la coexistencia pacífica con la ideología hostil. La difusión del liberalismo fue precisamente una de las principales tácticas utilizadas por el imperialismo y los revisionistas para lograr la degeneración de la dictadura del proletariado y del orden socialista en la Unión Soviética y otros países. De especial importancia es la erradicación de los puntos de vista liberal y anarquista de la democracia y la libertad, de los derechos y deberes del pueblo trabajador en la sociedad socialista. “Alguna gente”, dice el camarada Enver Hoxha, “piensa que, al vivir en democracia, ellos sólo tienen derechos y ningún deber en absoluto, que sólo el Estado y la sociedad tienen obligaciones hacia ellos, mientras que nunca dejan de reclamar sus derechos, se consideran libres de comportarse y actuar como les da la gana, de violar la disciplina en el trabajo y la sociedad, las leyes del Estado y las normas de la sociedad sin importarles nada. Esos puntos de vista dañinos deben ser combatidos con resolución, porque son ajenos a los principios del socialismo” (p. 770-771). 

* * * 

            Esos son sólo algunos de los problemas principales de vital importancia que son abordados en el volumen de escritos seleccionados del camarada Enver Hoxha bajo el título “Sobre la dictadura del proletariado”. Este volumen pone en las manos de los comunistas, de todos los cuadros y del pueblo trabajador un gran tesoro de ideas y experiencias revolucionarias y un arma ideológica aguda para la aplicación correcta de la línea del Partido en su lucha diaria por la construcción y la defensa del socialismo en nuestra patria. 

            Las palabras del camarada Enver Hoxha: “las masas populares, bajo la dirección del Partido y la clase obrera, deben estar siempre y ante todo listas y de pie para la defensa de la dictadura del proletariado, sus leyes, su ideología, su política y sus conquistas. Este es el único camino correcto, sólido y saludable señalado por nuestro Partido, que nos llama a seguirlo al pie de la letra, sin excepción alguna” (p. 484), suenan como un toque de clarín y dan con la nota precisa.
 

Fuente: Albania Today nº 5, 1978, págs.. 30-33. 

Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Inessa de la Torre.

viernes, 15 de noviembre de 2013

La Rusia actual: ¿el imperialismo bueno?


El actual imperialismo ruso es visto con buenos ojos por sectores atrasados del movimiento obrero y popular. Ven a Rusia como una supuesta abanderada contra la prepotencia del imperialismo norteamericano. Incluso llegan a considerarla como una potencia que ofrece relaciones de igualdad y trato equitativo a los países dependientes y semicoloniales. Sin embargo, la naturaleza reaccionaria, parasitaria y depredadora del imperialismo es algo que no se puede esconder con imagen, apariencias y palabras. El imperialismo ruso juega un papel importante en el reagrupamiento en bloques imperialistas que se está dando en estos años.
 
Luego de recomponerse internamente después de la desintegración de la URSS, el capitalismo monopolista ruso está tratando de establecer una esfera de influencia lo más sólida posible, a partir de los restos de la antigua Unión Soviética. En ese camino, se encuadra la Unión Aduanera que está formando con algunos países ex soviéticos. Sin embargo, no la tiene fácil: algunos de esos países tienen otros objetivos aparentes (Ucrania), mientras que la competencia de Estados Unidos y China por hacerse de los países de Asia Central, es bastante reñida. Simultáneamente, Rusia tampoco baja la guardia en su lucha por fuentes de materias primas y mercados para sus productos en otras partes del mundo. Y ahí tampoco se diferencia mucho de cualquier otra potencia imperialista. Aprovechando las contradicciones de las burguesías locales de los países dependientes y semicoloniales con sus imperialismos tradicionales, Rusia recurre a cualquier estratagema para penetrar las economías de esos países. Sus métodos y objetivos son abiertamente imperialistas, y no se preocupan de ocultar su naturaleza.
 
Rusia no está aún en condiciones de actuar como lo hace Estados Unidos o como lo hacía la antigua URSS socialimperialista,  no tiene un “patio trasero” claramente establecido en el que actúe como patrón principal. Esa particularidad, sin proponérselo, la hace pasar por un imperialismo “bueno” y “progresista” ante sectores con bajo nivel de consciencia en el movimiento obrero y popular. Sin embargo, esto no tiene base. La actual Rusia imperialista es una superpotencia con gran poderío económico y militar, y tiene todavía un amplio margen para desarrollarse como potencia mundial.

A continuación presentamos algunos artículos de la prensa burguesa rusa especializada que nos da una idea de cómo ven los intelectuales burgueses rusos a su imperialismo. El primero aborda, por decirlo así, el aspecto ideológico del actual imperialismo ruso; el segundo, su aspecto práctico. Todo ello siin ningún embozo; algo que hará sonrojar a los que guardan esperanzas con respecto a este imperialismo.
 


¿Por qué el soft power de Rusia es tan suave?
Fyodor Lukyanov
1 de febrero de 2013 

El soft power se ha convertido en el foco de la discusión reciente en torno a la política exterior de Rusia. Los observadores sostienen que Moscú –que todavía cree en el papel decisivo de las armas y otros elementos tradicionales de poder–, está perdiendo la guerra de la imagen y la información. Las impresiones se están convirtiendo en un verdadero factor de influencia en nuestro mundo interconectado. Pero la idea de Rusia del soft power difiere radicalmente de la de Occidente. 

Las autoridades rusas se han fijado tres objetivos ambiciosos en materia de política exterior. El primero es promover la cultura rusa, la lengua rusa y el sistema educativo ruso como atractivos y competitivos. Una noble meta, por cierto. 

El segundo es contrarrestar la representación negativa que los medios de comunicación extranjeros hacen de las políticas del país y del estilo de vida ruso. Este es un objetivo antiguo, pero lograrlo en esta etapa exige fundamentalmente herramientas nuevas y costosas.

El tercer objetivo es crear un grupo de “amigos de Rusia” en todo el mundo. Fuentes del gobierno dicen que la concepción de la política exterior de la nueva Rusia consiste en la reactivación de la Unión de Sociedades de Amistad, e incluso la celebración de Festivales Internacionales de la Juventud y los Estudiantes. 

En otras palabras, Rusia planea revivir las prácticas de la era soviética, que eran muy eficaces. Pero, ¿pueden aplicarse en los tiempos modernos? 

El modelo soviético estaba basado en la idea de progreso y justicia social (no voy a discutir el éxito de ese modelo, ya que es de importancia secundaria cuando se trata de la capacidad de proyectar la imagen deseada). La Unión Soviética no sólo ofrecía un modelo social alternativo, sino que también lo promovía activamente fuera de Rusia, desafiando a sus adversarios ideológicos y promoviendo la imagen de la Unión Soviética como un patrón potencialmente poderoso. 

Además, la Unión Soviética no sólo prometía ayuda, la prodigaba, a los países que aceptaban su patrocinio. La Rusia moderna, con su mentalidad de “primero ganancias”, se ha vuelto más pragmática en las relaciones con otros países y, en consecuencia, menos atractiva como socia. 

Rusia carece de una base ideológica sobre la cual desarrollar un concepto que sea atractivo para otros países. Se ha agotado el modelo soviético y está buscando a tientas un sustituto, pero hasta ahora ha formulado sólo ideas tradicionales basadas ​​en valores conservadores, que son, por definición, incapaces de estimular el progreso. 

A juzgar por las recientes iniciativas, incluso la búsqueda de una nueva identidad rusa para el país lo está llevando más hacia el pasado, a las fuentes de las tradiciones pre-soviéticas. El pasado de Rusia tiene bastantes capítulos gloriosos, que sin duda deben ser utilizados como un ejemplo. Pero, ¿mirar al pasado puede ser una forma efectiva de conducir un país al futuro? 

Por otro lado, en el mundo actual, no se puede basar un festival internacional de la juventud y de los estudiantes en un mensaje conservador y en el respeto del “pasado dorado”. Esto no es atractivo ni para los países vecinos, donde algunos todavía añoran la vida tranquila de la Unión Soviética. Y es completamente inaceptable para los ciudadanos comprometidos y con visión de futuro.

La noción de justicia en la concepción preliminar de la política exterior de Rusia es aún menos atractiva. Desde la disolución de la Unión Soviética, se percibe a Rusia como un país que vive de sus recursos de hidrocarburos, pero que no puede incluso distribuir los ingresos del petróleo y el gas, más o menos, en beneficio de la mayoría de su población. Así es como la mayoría de los rusos ven a su país, desde dentro, y las autoridades difícilmente será capaces de proyectar una imagen diferente al mundo exterior. 

El encanto de recrear estas fiestas “a lo era soviética” también se puede explicar por su lema, “Por la solidaridad antiimperialista, la paz y la amistad”. La “solidaridad antiimperialista” –es decir, la resistencia a la dominación occidental y en especial a la dominación norteamericana– no está en contradicción con la política actual de Moscú. Sin embargo, en la Unión Soviética esto era más que un simple eslogan, era una verdadera política para reclutar a otros países. 

Rusia goza de un nivel de prestigio entre los antiguos países del “tercer mundo”. La gente todavía ve a Rusia como una especie de contrapeso al monopolio político y cultural de Occidente, si no como una alternativa real. 

Pero este punto de vista sobre Rusia está disminuyendo por varias razones. En primer lugar, Rusia no representa un verdadero reto para el Occidente: rechaza tercamente todos los nuevos modelos y fórmulas, y protege sus propios intereses y posiciones a costa de ser un líder. 

En segundo lugar, las consignas anti-colonialistas de la Unión Soviética eran populares en la segunda mitad del siglo XX, cuando los imperios se derrumbaban en todo el mundo; mientras que Rusia está actualmente ocupada tratando de arreglar su propio legado post-imperial. La aversión actual por Occidente en el mundo en desarrollo, ejemplificada por la primavera árabe, no se traduce en una mayor afinidad por Moscú. Rusia –que sigue exudando su tradicional pathos en medio de los cambios dramáticos en la región– sigue siendo vista como reaccionaria, en lugar de un país progresista. Esto tiene algo que ver con el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU que Rusia heredó de la Unión Soviética y que se ha convertido en un importante factor de irritación para la mayoría de los países del mundo. En cuanto a los países y gobiernos más tradicionales –las monarquías del Golfo Pérsico y la ultraderecha europea–, probablemente no sienten ninguna afinidad con Rusia, aunque por otras razones. 

Casi todos los debates sobre el soft power de Rusia llevan a la conclusión de que si un país quiere ganar influencia en el mundo debe tener un modelo atractivo para ofrecer a los otros países. Esta es la única manera de proyectar una imagen positiva y tener un impacto positivo. Rusia se está moviendo hacia una nueva identidad –un proceso difícil y doloroso–, sin un camino claro y sin punto de llegada. Las actuales tendencias conservadoras en Rusia no representan el destino final, sino sólo el primer paso de un largo viaje. Y hasta que la nación rusa no defina sus metas y directrices para sí misma, no será capaz de ofrecer algo atractivo a otros países. Por lo tanto, el soft power será, en el mejor de los casos, limitado a un conjunto de medidas técnicas – no completamente inútil, pero en última instancia ineficaz.

Fyodor Lukyanov es editor en jefe de la revista “Russia in Global Affairs”, presidente del Presídium del Consejo sobre Política Exterior y Defensa.
 

Tomado de “Russia in Global Affairs”. Título original del artículo: “Why Russia’s Soft Power Is Too Soft?” 

Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Facundo Borges.
 
Armas a cambio de metales
Tai Adelaja
27 de junio de 2012 
 

 
Rusia está adoptando el trueque y otras formas antiguas de comercio para promover sus ventas de armas, en momentos en que el mercado de armas tradicional sigue enturbiado por el prolongado caos social y político en África y Oriente Medio. En una última movida, Russian Technologies Corporation –vinculada al Kremlin– está dispuesta a pagar con helicópteros militares rusos, derechos mineros en África. A pesar de los altos riesgos de la inversión y de la incertidumbre política en algunas partes del continente, los líderes locales han demostrado un gran interés en este tipo de propuestas. 
 
Según informó el diario Kommersant el miércoles, recientemente, Rusia planteó a Zimbabwe firmar un acuerdo de protección mutua de las inversiones, que allanará el camino para que Russian Technologies entre en el negocio de la minería de Zimbabwe. El holding ruso planea desarrollar el segundo mayor yacimiento de platino del mundo, en ese país de África del Sur, dijo el diario, citando fuentes no identificadas. La compañía rusa también ha llegado a un acuerdo con las autoridades de Zimbabwe para entregar helicópteros rusos a cambio de derechos mineros en el proyecto. 
 
            La práctica de intercambiar armas y equipo militar por activos o productos se originó con la Unión Soviética, dice Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías. Perú intercambió cuotas de pesca por armas soviéticas y equipo militar, mientras que Argelia y Nigeria intercambiaron hidrocarburos y granos de cacao, respectivamente, dijo. “Este no es un hecho cotidiano, pero tampoco es un caso aislado”, dice Pukhov. “Se debe simplemente a que los fabricantes de armas han inundado el mercado con una excesiva oferta y los compradores potenciales no están siempre muy bien de dinero para pagar por ellos.” 
 
Los exportadores de armas en la Rusia moderna parecen haber tomado lo que la Unión Soviética dejó. Cuando Indonesia compró seis plataformas aéreas de combate rusos en 2003, la nación del Asia del Este financió el 87.5 por ciento del acuerdo mediante compensación con aceite de palma y otros productos. Según Kommersant, la mayoría de los contratos de equipamiento militar entre Rusia y Venezuela entre 2004 y 2009 se basaron en derechos especiales concedidos a empresas rusas para desarrollar campos petroleros en ese país de América del Sur. Rusia también se ha convertido en la principal fuente de suministro de armas de Sudán, después de que Slavneft lograra convertirse en un protagonista clave en la industria del aceite de bebé de Sudán, informó el diario. 
 
Sin embargo, el éxito de este sistema en otros países no garantiza su éxito en un país como Zimbabwe, que se enfrenta con una profunda crisis política. Zimbabwe tiene el segundo mayor yacimiento de platino en el mundo después de Sudáfrica, dice Pukhov. Aunque Zimbabwe tiene un régimen de política especial para la minería de platino, no ha sido un imán para los inversores occidentales, muchos de los cuales lo consideran como un Estado paria debido a sus políticas de redistribución forzada de la tierra. Pero al lograr acuerdos con países como Rusia, el gobierno de Zimbabwe espera desencadenar una reactivación de la economía del país, en parte, a través de la minería del platino. 
 
El ansiado proyecto ruso incluirá la perforación, explotación y manejo de materiales en aproximadamente una hectárea de terreno situada en la sub-cámara Hartley del Gran Dique de Darwendale. Sin embargo, Russian Technologies necesitará invertir de US $ 1,5 mil millones a US $ 2 mil millones en los próximos tres años, a fin de construir las fábricas allí, dice Oleg Petropavlovsky, analista de Broker Credit Service en Moscú. Eso podría aumentar la producción de platino local en unos 600 millones de onzas, sólo 100 millones de onzas menos de lo que generó el año pasado Norilsk Nickel, el mayor productor de paladio y níquel del mundo. Con base en los actuales precios mundiales del platino, se espera que la inversión en el proyecto alcance el equilibrio dentro de los cinco o seis años, dice Petropavlovsky. 
 
Rushchrome Mining Private Limited –un joint venture entre el Centro de Rusia para la Cooperación Empresarial con el Extranjero (CBC) y el gobierno de Zimbabwe– obtuvo una licencia para una mina a cielo abierto en Darwendale en 2006. Otras empresas, como Central African Mining & Exploration Company (CAMEC), también han mostrado interés en el desarrollo de la minería de platino en Zimbabwe. Pero el único desafío para las Russian Technologies parece provenir del grupo Renova del multimillonario Viktor Vekselberg, que, Kommersant dice, ha estado tratando de unirse al proyecto durante los últimos seis meses. 
 
Recurrir al trueque puede permitir que Rusia proteja sus apuestas, ya que trata con dictadores consolidados, dicen los expertos. Según se informa, las empresas rusas perdieron decenas de miles de millones de dólares en ingresos potenciales tras el derrocamiento del líder libio Muammar Gaddafi en octubre del año pasado. Rusia también ha sufrido reveses en otros lugares en los que no recurrió al trueque. En diciembre, el Senado de Nigeria votó a favor de cancelar la venta de 12 empresas de propiedad estatal, incluyendo una fundición de aluminio vendida a United Co. Rusal de Rusia. Los legisladores estimaron que el activo alcanzaba los 3,2 mil millones dólares, mientras que los rusos se habían comprometido previamente con menos de US $ 400 millones de inversión. 
 
Fuente: RussiaProfile.org. Artículo originalmente titulado “Arms for Metals” del 6 de junio de 2012. 
 
Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Yk.Pk
 
 
 
 
 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Los días de Octubre en Moscú - Parte final


A diferencia de lo usual, de contar o celebrar la revolución de Octubre en Petrogrado, la cuna de la revolución, en esta oportunidad queremos conmemorar el 96º aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, contando una breve historia de la revolución de Octubre en Moscú, en 1917. Reproduciremos, en partes, el folleto del historiador soviético I. Mintz.
 
Ultima entrega
 
 

Los días de Octubre en Moscú
La lucha por el poder en 1917
I. Mintz
(1941)

Los Guardias Rojos recuperan posiciones claves 

            En la mañana del 29 de octubre, las tropas revolucionarias tomaron por asalto la oficina de correos y telégrafos y la recuperaron. Los Guardias Rojos comprobaron que el Comité de Empleados había estado reteniendo los telegramas del gobierno soviético. Las ciudades en las que la revolución había triunfado fueron desconectadas de la red telegráfica. La guardia en la oficina de telégrafos puso bajo arresto a parte de los miembros del Comité de Empleados, y solicitó al Comité Militar Revolucionario que enviara un comisario especial. 

            En Lefortovo, después de que los obreros de los Arsenales de Moscú hubieron establecido telémetros, los disparos de los cañones fueron más precisos. La Escuela Militar fue alcanzada por una bomba tras otra. La mayoría de los cadetes y empleados de la escuela se rindió, pero los junkers y los cadetes de la clase alta continuaron resistiendo. 

            En Jamovniky, el 29 de octubre, pequeños grupos de tres a cinco guardias rojos se abrieron paso por casas y patios, en la retaguardia del enemigo. Desde ahí lanzaron granadas a los junkers y abrieron fuego súbito. Los soldados del 193er. Regimiento montaron lanza-bombas en Prechistenka y Ostozhenka.  Uno de ellos fue montado en una trinchera. Las trincheras de los Blancos estaban a sólo 200 pasos de distancia. El fuego graneado cubría el área entre las dos líneas de trincheras de modo que era imposible levantar la cabeza. 

            Para entonces, el combate ya había terminado en el distrito Zamoskvorechye. Los cosacos que intentaron ingresar al centro, por órdenes de Ryabtsev, se encontraron con unidades del 55º Regimiento y de la fábrica Mijelson y otras fábricas. Después de parlamentar brevemente, los cosacos rindieron sus armas, a pesar de la protesta de sus oficiales. Luego, el distrito Zamoskvorechye envió sus destacamentos armados a unirse al combate en el distrito Jamovniky. Los hombres de Zamoskvorechye ocuparon posiciones frente al Cuartel General del Área Militar y frente a la Escuela Militar Alexandrovsky. Apoyados por su artillería, los destacamentos Zamoskvorechye trabaron combate en la Puerta Nikitsky. Además de esto, una de las más importantes tareas del distrito Zamoskvorechye vigilar que la central eléctrica funcionara sin interrupción, una tarea que fue exitosamente cumplida.

            Las operaciones de las fuerzas armadas del Comité Militar Revolucionario fueron progresando con éxito.

            Los junkers y oficiales fueron obligados a rendirse en el Ayuntamiento, una posición muy importante en el centro de la ciudad. 

            A las 9 de la noche del 29 de octubre, el Cuartel General del Área de Moscú informó al Cuartel General: 

“…las fuerzas del enemigo están aumentando y el enemigo se está haciendo más fuerte cada hora que pasa. Estamos completamente aislados de los suburbios… Hoy los bolcheviques han tomado todas las estaciones de ferrocarriles y el Ayuntamiento del centro de la ciudad; también nos vimos obligados a abandonar la oficina de correos y telégrafos, dado que nuestras fuerzas, después de haber repelido reiterados ataques, estaban exhaustas. Los hombres han sido trasladados a la central telefónica.

“La Escuela Militar Alexeyev, donde aún permanece una compañía de junkers, está siendo defendida valientemente, pero la artillería pesada de los bolcheviques ha destruido la parte superior del edificio y ha provocado incendios… La ayuda es absolutamente imperativa, sin ella nuestra posición está lejos de ser brillante.” 

El ulterior éxito de los Rojos parecía plenamente garantizado. 

            Al prometer ayuda a Moscú, el general Dujonin pasó por alto el hecho de que el poder había pasado a manos de los bolcheviques en una serie de puntos importantes, algunos de ellos en la ruta que debían seguir los refuerzos. Así, el 28 de octubre, los obreros tenían el control en Viazma, Kolomna, Shuya. Kazán, Tsaritsyn, Minsk, Novgorod, Toropets, Kiev, Rechitsa, Vitebsk, Rzhev, Podolsk, Ufa, Bryansk, Yegorecsk y Ryazan. 

            Kerensky revocó la orden de enviar Dragones de Kaluga a Moscú, y, en lugar de eso, ordenó a ese regimiento que vaya a Petrogrado en tren de pasajeros. Se hizo lo mismo en relación con los carros blindados que se había pedido a Kaluga desde Moscú. 

            En lugar de los Dragones, a Moscú se enviaron, desde Kaluga, dos compañías de cosacos de Kuban. Sin embargo, a veinte millas de Viazma, éstos se encontraron con que el Soviet local había arrancado las vías del tren. Hicieron un intento de llegar a Moscú haciendo un rodeo, pero fueron detenidos en Tula. 

            Una brigada de caballería despachada desde el frente suroccidental vía Gomel, Orsha y Viazma se encontró con un obstáculo inesperado: el 623er. Regimiento de Infantería, que había sido enviado contra Petrogrado, bloqueó la estación con sus tropas y declaró que no permitiría el paso a Petrogrado o a Moscú, a ninguna sola unidad. 

            Los intentos de Dujonin de llamar a los cosacos del Don, también fracasaron. El ataman Kaledin replicó que para que el pueda enviar a algunos cosacos a Moscú “la situación debería ser sumamente urgente, para justificar cualquier movimiento ante los ojos de los cosacos”. En cualquier caso, Kaledin no podía atravesar la Cuenca del Donetz. 

            Los difamatorios intentos de los representantes del “Comité de Seguridad Pública” para convencer a los soldados en el frente de que “los bolcheviques habían organizado un pogrom en Moscú” tampoco les ayudó.

            La vigilancia de los obreros y soldados revolucionarios impidió que los refuerzos pedidos por los contrarrevolucionarios llegaran a Moscú. El “Comité de Seguridad Pública” no recibió asistencia armada del exterior. Estaba programado que las tropas del frente suroccidental llegaran el 30 de octubre. Esperaban que Petrogrado, donde había estallado una rebelión de junkers, cayera en cualquier momento. La contrarrevolución quería ganar tiempo, necesitaba ganar al menos un día o dos. 

            Lenin y Stalin seguían el curso de los sucesos en Moscú con mucho detenimiento.

            Lenin concedía una importancia excepcional al resultado del combate por Moscú. En su primera carta acerca de la insurrección, del 12-14 de setiembre, escribió: 

“…no importa quién comience, incluso Moscú puede empezar…”

Esas no eran instrucciones. El jefe de la revolución simplemente estaba subrayando que las cosas estaban maduras para una insurrección que lo menos que podía causar era un proceso explosivo. En Moscú, la resistencia del enemigo era más débil. Ahí no había organismos gubernamentales, y no se esperaba un estallido. Siguiendo con detenimiento los más ligeros cambios en la disposición de las fuerzas, el 29 de setiembre, Lenin había dicho que era posible empezar en Moscú: 

“Técnicamente, estamos en posición de tomar el poder en Moscú (donde se puede comenzar, para tomar al enemigo por sorpresa.” 

            A principios de octubre, Lenin escribió por tercera vez: 

“No es obligatorio “empezar” en Petrogrado. Si Moscú “empieza” sin derramar sangre, indudablemente será apoyado (1) por las simpatías del ejército en el frente, (2) por los campesinos de todas partes, (3) por la flota y las tropas en Finlandia que se están desplazando a Petrogrado.” 

            Durante los días de Octubre, Lenin y Stalin dedicaron permanente atención a Moscú, aunque estaban inmersos en el trabajo de dirigir la insurrección armada en Petrogrado. 

            El 28 de octubre, Kerensky, que había logrado escapar de Petrogrado gracias a la ayuda de la embajada norteamericana, entró en Tsarskoye Selo. Había se encontraba emplazada una guarnición de 20,000 soldados. Kerensky tenía la suficiente fuerza para obligar a los soldados que vacilaban a ir en acción contra Petrogrado. 

            En Petrogrado, los junkers estaban preparando una rebelión que coincida con la aproximación de las fuerzas de Kerensky. El sonar de los cañones del general blanco Krasnov en las afueras de Petrogrado, iba a servir de señal para el amotinamiento. Pero circunstancias impredecibles precipitaron este levantamiento. Tarde, en la noche del 28 de octubre, una patrulla de la Guardia Roja detuvo a dos individuos que lucían sospechosos, fuera de la mansión Kshesinskaya, uno de los cuales trató de deshacerse de una hoja de papel que tenía en su bolsillo cuando fue detenido. Los guardias rojos los pusieron bajo arresto. Uno de ellos era Bruderer, miembro del Comité Central del Partido Socialista-Revolucionario, y el papel era el plan de amotinamiento de los junkers. Este plan fue informado directamente al Comité Militar Revolucionario, que tomó las medidas pertinentes.  

            A su vez, al saber que Bruderer había sido arrestado y que el plan había caído en manos de los Rojos, los Blancos iniciaron su motín en Petrogrado, en el amanecer del 29 de octubre. Gracias a las medidas que habían sido tomadas, fue sofocado en unas pocas horas. 

Petrogrado envía ayuda a los bolcheviques de Moscú 

            Pero aun en esos momentos difíciles, Lenin y Stalin tuvieron posibilidad de pensar en Moscú. El 29 de octubre, Lenin habló en una conferencia de representantes de los regimientos de la Guarnición de Petrogrado. Después de informar sobre la supresión de la rebelión de los junkers en Petrogrado, Lenin dijo: “En Moscú, ellos [los junkers] han tomado el Kremlin, pero las afueras, donde viven los obreros y la población en general, no está en su poder.”

            Lenin concluyó su discurso como sigue: “No tengo duda de que los soldados y obreros de Petrogrado, que ya han completado su victoriosa insurrección, podrán suprimir a los kornilovistas… Sin perder una sola hora, un solo instante, debemos organizarnos, organizar nuestros cuarteles generales. Esto debe ser hecho todos los días. Una vez organizados, seremos capaces de asegurar la victoria en pocos días, y posiblemente antes”. Ese mismo se envió a Moscú 500 marineros de Kronstadt en tren especial, para ayudar a los bolcheviques moscovitas. Los marineros llegaron a Moscú en la noche del 30 de octubre, y se unieron inmediatamente a la lucha. 

            Al día siguiente, por instrucciones del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado, el camarada Sverdlov envió a Moscú a un grupo bolchevique de especialistas de radio para que trabajen en la estación de radio de ahí. 

            Después de que el motín de los junkers fuera aplastado en Petrogrado, y toda la atención estaba centrada en la lucha contra Krasnov y Kerensky, después de que el Comité Militar Revolucionario de Moscú había tenido considerable éxito y la suerte de la contrarrevolución parecía decidida, el Comité Ejecutivo nacional del sindicato ferroviario salió en ayuda de las fuerzas contrarrevolucionarias. Confiados en el apoyo de traidores Zinoviev, Kámenev y sus congéneres, el Comité dio un ultimátum exigiendo que cesaran todas las operaciones militares so pena de una huelga a iniciarse en la medianoche del 29 de octubre. 

            El Comité Central del Partido Bolchevique decidió enviar dos representantes para negociar con el Comité Ejecutivo del Sindicato Ferroviario, pero continuó haciendo rápidos preparativos para repeler a Krasnov y Kerensky. En la mañana del 30 de octubre, cerca de Pulkovo, se inició el avance decisivo contra las tropas de Krasnov y Kerensky. 

            Se declaró una tregua de veinticuatro horas, a iniciarse en la medianoche del 29 de octubre. Los representantes de los dos lados se reunieron en pabellón real de la Estación de Ferrocarril Kursk. Los Blancos demandaron el cese de hostilidades. Los representantes de las unidades revolucionarias, que habían sido invitados a la conferencia, insistieron que los junkers entreguen sus armas sin condiciones. Los delegados de una unidad de artillería que estaban en camino desde Myza-Rayevo, para ayudar a los Rojos, exigieron a los delegados del 55º Regimiento: alto a las negociaciones o no tendremos otra oportunidad para disparar. 

            Mientras se realizaban las negociaciones en el pabellón real, el bombardeo de los cañones, el traqueteo del fuego de ametralladoras y el crepitar de los tiros de bala continuó escuchándose en todo Moscú. A pesar de las órdenes, ninguna de las partes suspendió las hostilidades. 

            La tregua provocó la más grande indignación en todos los distritos. 

“¡No podemos controlarlos!”, decían los miembros del Comité Militar Revolucionario. 

Cuando la orden escrita sobre el cese de fuego le fue entregada a un artillero, le dio un vistazo, lo estrujó en su mano, lo tiró a un lado con disgusto y dijo: “No puedo entender qué clase de estupidez es esta”.  Y continuó disparando. 

Tampoco los Guardias Blancos observaron la tregua. Ryabtsev emitió la orden formal para la suspensión de todas las operaciones militares, a las 6:30 p.m. del 29 de octubre, pero esa noche los junkers irrumpieron a través del puente Borodinsky, destrozaron la sede del distrito, capturaron la Estación de Ferrocarril Bryansk, y unieron fuerzas con un batallón de choque que había llegado. 

La noticia de la acción de los junkers y del arribo del batallón de choque puso de pie a todo el distrito Jamovniky. La Estación Bryansk fue recuperada el 30 de octubre. 

Otro destacamento de soldados de choque llegó ese día a la Estación Bryansk se rindió ante la Guardia Roja y los soldados que ocupaban la estación. Los soldados de choque declararon que habían sido engañados, haciéndoles creer que estaban siendo enviados a Moscú por uniformes nuevos. Tan pronto supieron que la lucha se desarrollaba entre los soldados y los junkers, se pusieron a disposición del Comité Militar Revolucionario de Jamovniky. 

En el distrito Gorodskoy, los Guardias Rojos y soldados estaban tan indignados con la perfidia de los Blancos que inmediatamente tomaron por asalto la Central Telefónica. En Lefortovo, el ataque a la Escuela Militar Alexeyev terminó cuando a las 12 del mediodía del 30 de octubre, los junkers se rindieron. Trece ametralladoras, una gran cantidad de rifles y otros suministros militares fueron capturados en la escuela. 

El ultimátum del Comité Ejecutivo de los ferroviarios sólo servía a la contrarrevolución. Aprovechando de la “tregua”, los junkers trataron de mejorar su posición estratégica. Hicieron un avance desde la Puerta Nikitsky, a lo largo del Tverskoy Boulevard, intentando tomar los puentes sobre el río Moscú, e hicieron un intento desesperado por ingresar en Krymskaya Ploshchad. Pero fueron rechazados en todos los puntos. 

La amenaza del Comité Ejecutivo del Sindicato Ferroviario fue letra muerta. Desacatando a sus dirigentes, los ferroviarios de base apoyaron la revolución. Retrasaban a las tropas enviadas para ayudar a Ryabtsev y al mismo tiempo facilitaban el avance rápido de los destacamentos de Guardias Rojos y soldados que se dirigían a Moscú, descubrían transportes de armas e inmediatamente los entregaban a las unidades revolucionarias. De Serpujov y Podolsk, de Vladimir y Shuya, de Alexandrov y Kovrov, llegaban hombres para ayudar a los obreros moscovitas. ¡Parecía que toda la región se había levantado en armas! 

Mientras tanto el Cuartel General del Area hacía todo lo que estaba a su alcance para conseguir ayuda. Sobre las autoridades competentes, el teniente Rovny rogaba a Kaluga que le enviara un destacamento y carros blindados, o, si esto no era posible, por lo menos una parte de un destacamento regular. 

Kravchuk, el segundo asistente de Ryabtsev, salió de Moscú en secreto, se abrió paso a Smolensk, y desde ahí empezó a hacer solicitudes urgentes al Cuartel General, como qué había pasado con la unidad de caballería que se había prometido que llegaría el 30 de octubre. Kravchuk fue puesto en contacto con Dujonin. 

“La situación en Moscú es seria”, informaba, “debido a la falta de municiones y suministros. La moral de los hombres es firme y persistente. Los arsenales y polvorines han sido capturados por los bolcheviques. Cuando salí, se había formado un destacamento para tomarlos por asalto y recuperarlos. No sé si tuvo éxito o no. Si no fue así, no podremos sostenemos por mucho tiempo y es bastante probable que tengamos que luchar para escapar de Moscú…” 

            Dujonin le dijo qué unidades habían sido enviadas y le informó que, en el frente rumano, se estaba organizando un destacamento de seis batallones y una unidad de artillería, especialmente para Moscú. Además de eso, se había pedido a Kaledin de la región del Don que envíe cosacos. 

“Con vuestra ayuda podremos mantener Moscú”, dijo Kravchuk, contento con las noticias. 

            En la noche del 30 de octubre, se realizó una gran reunión en la Duma municipal. Asistieron: el “Comité de Seguridad Pública”, el presídium del Soviet de Diputados de Soldados, el Comité de Moscú del Partido Socialista-Revolucionario y representantes de las fracciones en la Duma. La reunión parecía más un funeral que una conferencia política. Rudnev tomó la palabra y anunció el fracaso de las negociaciones con los bolcheviques; declaró que la continuación de la lucha era inevitable y culpó de ello a los bolcheviques. 

            De pronto, las luces se apagaron. Los bolcheviques habían cortado la energía eléctrica en los distritos ocupados por los Blancos. La tenue luz de las velas que se procuraron rápidamente, acentuaba el aspecto fúnebre de la reunión. 
 

 

Las fuerzas de Kerensky en camino 

            Tarde, en la noche del 30 de octubre, el combate se hizo más intenso en todos los distritos. 

            Para ese entonces, la situación en Petrogrado también había cambiado. El ataque a Kerensky, que había empezado en la mañana del 30 de octubre, había tenido éxito. Tsarskoye Selo había sido tomada, y Kerensky se dirigía en retirada a Gatchina. En camino a Gatchina, Kerensky envió un mensaje telefónico a Petrogrado, pidiendo que se establezcan negociaciones con los bolcheviques. El mensaje iba dirigido al “Comité para la Salvación de la Patria y la Revolución” –un organismo contrarrevolucionario que se había organizado en Petrogrado el 25 de octubre. El Comité imprimió esta propuesta de Kerensky y la distribuyó en todos los regimientos. Los agitadores socialista-revolucionarios y mencheviques fueron por la ciudad anunciando: “Los bolcheviques insisten en prolongar la guerra civil, mientras que Kerensky está de acuerdo en terminarlo. Elijan delegados y envíenlos al Comité Militar Revolucionario”. 

            Los sectores más activos de los regimientos de Petrogrado estaban en el frente, combatiendo contra Krasnov y Kerensky. Casi todas las fuerzas de la Guardia Roja también estaban en el frente. Los soldados que quedaron cayeron víctimas de la provocación de los socialista-revolucionarios y mencheviques. Se eligió una delegación de casi treinta personas, encabezada por los representantes del Regimiento Preobrazhensky, que había permanecido neutral durante los días de la insurrección de Octubre. 

            El 31 de octubre, esta delegación fue recibida por el camarada Stalin. Uno de los hombres de Preobrazhensky leyó su mandato, que obviamente había sido redactado bajo el dictado de socialista-revolucionarios y mencheviques. Los soldados demandaban que se enviara al frente a una delegación de representantes de todos los partidos –desde bolcheviques hasta “socialistas populares”– para negociar con Kerensky; mientras este último partido era difícilmente diferenciable de los demócrata-constitucionalistas (cadetes) aun bajo microscopio, Stalin tomó la palabra. Les habló acerca de la situación en el frente, les demostró que el mandato de los hombres de Preobrazhensky simplemente le estaba haciendo el juego a Kerensky, quien sólo quería ganar tiempo, y les explicó las desastrosas consecuencias a las que conducirían las negociaciones con Kerensky. El discurso de Stalin dividió a la delegación. Los representantes del Regimiento lituano declararon que ellos siempre se habían alineado con el Comité Militar Revolucionario. 

            Stalin habló nuevamente y les explicó la maniobra de Kerensky. 

            “Kerensky ha dado un ultimátum exigiendo que se depongan las armas”, dijo. 

            Los delegados de los regimientos comprendieron que habían escapado, por poco, de caer víctimas de los engaños de los socialista-revolucionarios y mencheviques, y estuvieron de acuerdo en enviar una delegación en nombre del Comité Militar Revolucionario para hablar, no con Keresnky y Krasnov, sino con los cosacos y soldados, planteándoles las siguientes cuestiones: 

1.       ¿Los cosacos y soldados de Kerensky reconocen al Comité Ejecutivo Central [del Soviet] como el órgano del poder del Estado?
2.      ¿Reconocen las decisiones del Segundo Congreso de los Soviets?
3.      ¿Reconocen los decretos de Lenin sobre la tierra y la paz?
4.      ¿Están de acuerdo con arrestar a Krasnov y Kerensky? 

Así terminó la última maniobra de Kerensky. 

El 1 de noviembre, todo terminó con Krasnov y Kerensky. Kerensky se fugó y Krasnov fue arrestado. 

Ese mismo día, tan pronto el Comité Central del Partido supo del arresto de Krasnov y la fuga de Kerensky, Lenin declaró en una reunión del Comité Central que las negociaciones con el Comité Ejecutivo de los Ferroviarios debían interrumpirse, dado que las habíamos utilizado únicamente como cortina para nuestras operaciones militares. Las actas de esta reunión establecen que Lenin “considera que la política de Kámenev debería ser abandonada inmediatamente. Este no es momento para hablar con el Ejecutivo de los ferroviarios. Debemos enviar tropas a Moscú”. 

Lenin habló por segunda vez en esa reunión, haciendo la siguiente demanda: 

“…las negociaciones servían como cobertura diplomática para nuestras operaciones militares. La única decisión correcta sería terminar con la indecisión de los vacilantes y asumir una actitud totalmente decidida. Debemos ir en ayuda de Moscú y entonces aseguraremos nuestra victoria.” 

Por instrucciones de Lenin y Stalin, la noche anterior se habían enviado a Moscú 2,000 Guardias Rojos y marineros de Kronstadt. Para asistir a Moscú, se había enviado también un tren blindado.

            El anillo de los Rojos que llegaban se hacía más estrecho en las calles centrales. A pesar de la desesperada resistencia, los junkers fueron forzados a retroceder gradualmente hacia el Kremlin. Estaban siendo cercados por todos lados. Los destacamentos de Zamoskvorechye presionaban en el centro, desde los puentes Krymsky, Kamenay y Moskvoretsky. En este sector los junkers dieron singular batalla. El cuartel general militar de los Blancos estaba localizado en Prechistenka; en ese mismo distrito había dos escuelas de formación de oficiales. Los residentes de las calles Prechistenka, Arbat, Ostozhenka y Povarskaya –los barrios residenciales aristocráticos de Moscú– eran hostiles a los bolcheviques. Se disparaba contra los Guardias Rojos desde ventanas y azoteas. Era como si cada casa fuera un enemigo de los bolcheviques. 

            Pero incluso en estos distritos hostiles los atacantes tenían aliados. Un par de jóvenes, sin aliento, corrió hacia uno de los destacamentos, informándoles que los junkers se habían abierto paso desde la parte de atrás –a lo largo de Levshinsky Pereulok. Los Guardias Rojos rápidamente ocuparon una casa grande en Prechistenka, justo frente a Levshinsky Pereulok, y abrieron fuego sobre los junkers, obligándolos a retroceder. 

La lucha por Moscú se intensifica 

            Hubo batallas feroces en Ostozhenka. Ahí se libró una guerra regular de trincheras. Los Blancos cavaron trincheras a lo largo de la calle, apostaron ametralladoras y lanza-bombas. Los Guardias Rojos y los soldados también se atrincheraron, a treinta o cuarenta pasos de distancia. El clima era horrible –aguanieve y nieve se alternaban sin tregua. Los hombres tenían que yacer en el fango de las trincheras. Con el frío hasta la médula, los Guardias Rojos se turnaban para calentarse en la casa de té más cercana, que servía como base de primeros auxilios y economato. Sus lugares eran tomados por el hijo de un obrero de la fábrica Mijelson. Nada podía hacer que dejara las trincheras. El disparaba en turnos, desde cada rifle, para impedir que los junkers se dieran cuenta que los hombres habían salido de las trincheras. Accidentalmente se le cayó un rifle al otro lado del parapeto. Queriendo recuperarlo, saltó la trinchera y se expuso completamente. Una ametralladora junker acribilló al muchacho. Durante tres días, este heroico joven luchó con la muerte. Cuando sus camaradas de trinchera fueron a visitarlo en el hospital, su primera pregunta fue: 

“¿Y? ¿Tomaron el cuartel general? ¿Le dieron su merecido a los junkers?” 

“Sí”, le dijeron. “¡Hurra!”, gritó con una voz débil. Una sonrisa se formó en su rostro pálido, mientras desfallecía, para no hablar más. 

Pyotr Dobrynin, un obrero de la fábrica de telégrafos y teléfonos, también murió en las batallas de este distrito. A pesar de que había sido herido seriamente en el hombro, permaneció en su puesto. Varias veces tomó parte en salidas de reconocimiento. Durante una de esas incursiones,  los junkers abatieron a este heroico obrero. Lyusinova, una comunista, también murió en este distrito. Una plaza y una calle de Moscú llevan ahora el nombre de estos combatientes caídos.
 

            Fue la artillería la que decidió la cuestión de las batallas de Octubre en Moscú. Para aplastar la resistencia de los junkers, se decidió bombardear el Kremlin con cañones pesados. P.K. Sternberg, profesor de Astronomía y viejo bolchevique, que era Jefe del Staff del Comité Militar Revolucionario del distrito de Zamoskvorechye en ese momento, abogó esa medida con energía. 

            El 1 de noviembre, el Comité Militar Revolucionario de Zamoskvorechye escribió al Comité Militar Revolucionario Central: 

“…Mayor demora e indecisión pueden ser desastrosas para el triunfo de la revolución. Por esta razón, el Comité Militar Revolucionario de Zamoskvorechye propone que se pongan en acción cañones de 6” y pide vuestra opinión sobre este asunto.” 

El documento estaba firmado por Sternberg. El Comité Militar Revolucionario respondió que estaba en completo acuerdo con esa propuesta: 

“…Temprano, en la mañana, se ha emitido una orden urgente para abrir fuego sobre el Kremlin… Esto deberá ser realizado antes de las 10 a.m., de hecho mucho más temprano…” 

            La artillería pesada abrió fuego el 1 de noviembre. Ese día marcó un punto de viraje en Moscú, como lo hizo en los suburbios de Petrogrado. Primero que todo, la central telefónica en Milyutinsky Pereulok, que se había convertido en una fortaleza prácticamente inexpugnable del enemigo, fue tomada, después de que a los Guardias Rojos tuvieran la feliz idea de instalar un lanza-bombas en el campanario de una iglesia adyacente. Más aún, los Guardias Rojos y los soldados estaban prácticamente en las murallas del Kremlin. Una batería estacionada en el Teatro Bolshoi mantuvo un bombardeo constante sobre el Hotel Metropole, que el enemigo había hecho uno de sus baluartes. Los junkers herían a un artillero tras otro, pero otros tomaban sus lugares, y el bombardeo continuaba sin parar. En la madrugada del 2 de noviembre, después de tres horas de bombardeo, las unidades Rojas, dirigidas por el camarada Frunze, tomaron el Metropole por asalto. La Duma municipal ya había sido abandonada por los Blancos, durante la noche. El “Comité de Seguridad Pública” se había dirigido al Kremlin. 

            Los cañones de 6”, que lanzó andanadas en un lado del Kremlin, desde la ladera de Vorobyovy, se convirtieron en el ardid. El 1 de noviembre, la artillería pesada había abierto fuego, y después esa noche Ryabtsev anuncio sus términos de rendición. Los cañones soviéticos seguían bombardeando el Kremlin en la mañana del 2 de noviembre, y bajo el fuego de la artillería creció la docilidad se Ryabtsev. 

            Los socialista-revolucionarios y los mencheviques hicieron un intento más por ayudar a los Blancos. Esta vez plantearon la cuestión de una tregua inmediata y se esforzaron en suavizar los términos de la rendición. Pero a las 6 de la mañana del 2 de noviembre, Ryabtsev, incapaz de esperar un minuto más el regreso de sus mediadores, envió una carta de capitulación al Comité Militar Revolucionario. 

Los Guardias Blancos entregan Moscú 

            Los representantes del Comité Militar Revolucionario y los representantes de Ryabtsev se reunieron en la sede del consejo de la Gubernia. El cañoneo de la ciudad había alcanzado su zenit en ese momento. Cuando el viento abría una ventana, el fuego de artillería se podía escuchar con facilidad. Las delegaciones llegaron a un acuerdo sobre los términos de la rendición de las unidades Blancas. Este acuerdo fue firmado el 2 de noviembre, a las 5 de la tarde. El “Comité de Seguridad Pública” fue disuelto. Los prisioneros de ambos lados fueron liberados inmediatamente. Hasta el último momento, los traidores en el Comité Militar Revolucionario aun se las arreglaron para influir sobre los vacilantes. Otra vez se cometió un error que bordeaba con la traición. Se garantizó a los junkers su libertad y la inviolabilidad de su persona. 

            Las unidades revolucionarias rodearon el Kremlin. Muchos de los hombres habían preparado escaleras de soga y trataron de subir las murallas del Kremlin para acabar con los Blancos más rápido. Los junkers en el Kremlin, que veían que todo había terminado para ellos, enviaron delegados para negociar su rendición. En la madrugada del 3 de noviembre, el Kremlin fue tomado. Cansados, pero orgullosos de su victoria, los destacamentos revolucionarios de Moscú marcharon a través de las antiguas y bombardeadas puertas del Kremlin. 

            Una serie de escaramuzas aisladas todavía tuvieron lugar en una y otra parte, el 3 de noviembre. Las masas estaban indignadas porque los Guardias Blancos prisioneros habían sido liberados y porque sus delitos quedaban impunes. Fue necesario confinar a los junkers en prisión después de haberlos desarmado, para evitar los intentos de impartirles justicia sumaria. Pero no sólo los soldados y los obreros estaban indignados. El 3 de noviembre, representantes de varios comités distritales se reunieron en la sede del Comité Militar Revolucionario. Exigieron que se declare nulo el acuerdo, que los junkers sean arrestados u que los líderes contrarrevolucionarios sean ejecutados. 

            Su instinto de clase no les engañaba. Después de la capitulación, los líderes del “Comité de Seguridad Pública” se pusieron a trabajar instigando el sabotaje en todas las empresas de Moscú. La Duma municipal asignó una gran suma con fines de sabotaje. La mayoría de los oficiales y junkers liberados se dirigió al Don y a Ucrania, a unirse a las filas de los ejércitos Blancos que se estaban reuniendo allí. 

            La insurrección de Octubre en Moscú duró ocho días, considerando al 25 de octubre como el día que marca el inicio de las hostilidades activas. Una serie de errores cometidos durante los días de Octubre tienen la culpa de esto. 

            En Petrogrado, el esfuerzo contrarrevolucionario de los junkers había sido aplastado literalmente en pocas horas.

            En Moscú, sin embargo, la dirección de la insurrección demostró lentitud e indecisión, mientras que algunos miembros de los órganos dirigentes fueron incluso culpables de vacilación traidora, que condujo a la prolongación de la lucha. 

            No se hicieron preparativos para la insurrección. Los centros que iban a dirigir las operaciones de combate se formaron tarde. 

            El 10 de octubre, Lenin había hecho su informe sobre la insurrección armada. En este informe, remarcó dos veces que políticamente las condiciones estaban dadas para la insurrección y que ahora era necesario considerar su aspecto técnico, esto es, la preparación de las fuerzas de combate y las armas, y el plan de la insurrección. 

            Hubo una reunión del Comité Regional del Partido en Moscú, el 14 de octubre, en el que se discutió en detalle la resolución del Comité Central del 10 de octubre. Pero no se tomó ninguna medida seria para la preparación técnica de la insurrección después de esta reunión. Los órganos que iban a dirigir el combate se crearon tarde. Mientras el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado había sido organizado diez o doce días antes y el Centro del Partido aproximadamente ocho días antes de la insurrección, en Moscú, el Comité Militar Revolucionario fue organizado recién el 25 de octubre, cuando el manifiesto firmado por Lenin acerca de la deposición del Gobierno Provisional ya había sido distribuido en todas las calles de Petrogrado.  

            En Moscú, el vínculo entre el Partido Bolchevique y los soldados no era tan fuerte al inicio de la insurrección, porque los Soviets de Diputados de Obreros y el Soviet de Diputados de Soldados estaban separados hasta el último momento. Esto trabajó a favor de los socialista-revolucionarios y los mencheviques durante un largo tiempo, porque les permitió tener una mayoría en el Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados de Soldados. Sólo en el curso de la insurrección armada, cuando la presión de las masas desde abajo, se estableció un órgano especial para dirigir el Soviet de Diputados de Soldados. 

            Bajo instrucciones del Comité del Partido de Moscú, el Comité Militar Revolucionario en Moscú incluyó a mencheviques y a los que estaban a favor de la unidad con éstos. En Petrogrado, las medidas defensivas, incluyendo  invitar a otros partidos a unirse al Comité Militar Revolucionario, fueron simplemente pantallas para la ofensiva, mientras que en Moscú se tomó con seriedad que los otros partidos se unieran. Los socialista-revolucionarios y los mencheviques perseguían un propósito definido –evitar que los bolcheviques prepararan y desarrollaran una acción resuelta. 

            En el Comité Militar Revolucionario de Moscú –tanto en el centro como en los distritos de verdaderas operaciones– no hubo expertos en asuntos militares. Esta circunstancia técnica explica en parte el elemento de caos que existió durante las primeras horas de la insurrección. 

El papel de Lenin y Stalin en la insurrección armada de Moscú

            En Petrogrado, la insurrección fue extraordinariamente bien organizada. En Moscú, al principio se desarrolló de forma más o menos espontánea. 

“Una vez que la insurrección ha empezado, se debe actuar con la mayor determinación, y tomar la ofensiva, sin dudar. ‘La defensiva es la muerte de toda insurrección armada’.” Así enseña Lenin. 

            Moscú tuvo toda la oportunidad de poner en práctica este principio marxista, esta ley de la insurrección armada, de enviar las unidades más confiables a los puntos más importantes, de rodear al enemigo y obligarlo a rendirse, posiblemente incluso sin presentar batalla. Hubo suficientes fuerzas disponibles para lograr esto: ya al principio de la insurrección la abrumadora mayoría de los obreros estaba con los bolcheviques, un considerable porcentaje de la Guarnición apoyaba activamente a los bolcheviques y de lejos una mayor parte simpatizaba con ellos. 

            Pero entre los miembros del Comité Militar Revolucionario, así como en el Centro del Partido, hubo gente que no tenía fe en la fortaleza de la revolución proletaria, que negaba la posibilidad de la victoria de la revolución proletaria y de la victoria del socialismo en Rusia. Ellos estaban contra la insurrección armada y pensaban impedirla. Antes de la insurrección y en el curso de la insurrección entraron en negociaciones traidoras con el enemigo de clase. Y el enemigo tomó ventaja de esas negociaciones. Ganó tiempo, que utilizó para organizarse. Se apoderó del Kremlin mediante un engaño, rodeó la sede del Soviet y presentó un ultimátum al Comité Militar Revolucionario. Más todavía, incluso después de que se iniciaran las operaciones, en ciertos momentos, el Comité Militar Revolucionario retrocedió a tácticas defensivas. 

            El 29 de octubre, gracias a la acción resuelta de los distritos y las unidades revolucionarias de la Guarnición, la situación mejoró considerablemente. El éxito alcanzado había abierto la posibilidad de terminar con los junkers el 31 de octubre. Pero el Comité Militar Revolucionario suscribió una tregua; es cierto que sólo por 24 horas, sin embargo, este fue un factor importante en la prolongación del combate, pese a que los distritos no observaron la tregua. Hubiera sido posible hacer lo que se hizo finalmente el 2 de noviembre, cuando las negociaciones sirvieron como cobertura para acciones militares. Eso es lo que se hizo en Petrogrado todo el tiempo: las negociaciones fueron realizadas cuando era necesario realizarlas, pero bajo la cobertura de esas negociaciones se completó la derrota de la contrarrevolución. 

            La insurrección de Octubre en Moscú fue una genuina insurrección popular. Las amplias masas de obreros y soldados participaron en la lucha. Las fábricas y plantas de Moscú fueron los baluartes de esta insurrección. Los obreros ubicaron en la vanguardia a sus mejores combatientes, ellos proporcionaron los brazos y todo los que era necesario para la victoria. Su entusiasmo revolucionario, su disposición a sacrificar sus vidas por la causa de la revolución, ejercieron una enorme influencia sobre las masas de soldados. Los Guardias Rojos estuvieron en las frentes de combate de casi todas las operaciones militares, arrastrando tras de sí a los soldados. Las masas de obreros y un sector de la Guarnición exigieron que los centros revolucionarios distritales sean intransigentes y firmes y que ejecuten un ataque decidido. Gracias al audaz emprendimiento y a la heroica determinación de los obreros progresistas y los centros distritales se corrigieron una serie de errores cometidos por el Comité Militar Revolucionario. 

            Ataque y no defensa, como Lenin predijo en sus conclusiones de los resultados de la insurrección de diciembre de 1905 en Moscú, fue la consigna de las masas. Aprendida la lección de diciembre de 1905, los obreros de Moscú sabían que sólo una desesperada y sangrienta lucha, como Lenin escribió, sólo una vigorosa ofensiva, podía asegurar la victoria. Los centros distritales a su vez insistieron que los órganos centrales y dirigentes de la insurrección asumieran tácticas ofensivas. El triunfo en Moscú se obtuvo gracias a la abnegación de las masas. 

            En Moscú, como en Petrogrado, la organización de la insurrección y su dirección estuvo completamente en las manos de un partido – el Partido Bolchevique. 

            En Moscú, como en Petrogrado, los verdaderos inspiradores de la insurrección fueron Lenin y Stalin, a quienes la organización bolchevique de Moscú como un todo siguió sin reservas. 

            Desde el inicio de las batallas de Octubre en Moscú, Lenin, el gran genio de la Revolución Socialista, siguió el desarrollo de esta lucha con la máxima atención. El 30 de octubre, envió 500 marineros de Kronstadt para ayudar a los obreros moscovitas. El 31 de octubre, el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado, encabezado por el camarada Stalin, envió un grupo de expertos militares a Moscú a operar la estación de radio y también un destacamento de Guardias Rojos de Petrogrado para reforzar los contingentes revolucionarios del proletariado de Moscú. Este destacamento, puesto a disposición del centro de la Guardia Roja y del Comité Militar Revolucionario del distrito de Gorodskoy de Moscú, tomó posiciones en las inmediaciones de Sujarevskaya Ploshchad, inmediatamente después de su arribo a Moscú. Otros 2,000 Guardias Rojos, marineros de Kronstadt y soldados llegaron a los cuarteles generales de las tropas revolucionarias en la mañana del 1 de noviembre, y lucharon heroicamente en las calles de Moscú. 

            Las fuerzas enviadas a Moscú por Lenin y Stalin trajeron consigo la experiencia de la insurrección de Petrogrado y junto con los obreros y soldados moscovitas derrotaron completamente a las fuerzas de la Guardia Blanca. Destacamentos de otras ciudades –de Ivanovo-Voznesensk, de Shuya y Kovrov bajo la dirección de M.V. Frunze, y de Orejovo-Zuyevo– también llegaron en ayuda de los obreros y soldados de Moscú. El arribo de estos refuerzos revolucionarios, particularmente desde Petrogrado, ayudó a los bolcheviques moscovitas a aplastar a la contrarrevolución.

            Como en Petrogrado, el pueblo conquistó la victoria en Moscú, bajo la dirección del Partido Bolchevique, bajo la dirección de esos dos grandes genios, Lenin y Stalin.
 

Fuente: The October Days in Moscow. The Struggle for the Power in 1917, de I. Mintz, Workers Library Publishers, New York, 1941.

Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Thiago R